Mostrando entradas con la etiqueta servicios sociales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta servicios sociales. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de marzo de 2015

Enfermedades...¿Raras o Caras?

Las enfermedades raras son aquéllas con baja incidencia en la población. Para cumplir su criterio, debe afectar a menos de cinco personas por cada 10.000 habitantes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen, al menos, 7.000 patologías de este tipo, que afectan al 7% de la población mundial, de los que, en España, se ven afectadas tres millones de personas. Sin embargo, las cifras se diluyen al considerar cada enfermedad de forma aislada. Pero se sospecha que existen muchos más afectados, por el problema del infradiagnóstico que existe en torno a ellas, y el prolongado tiempo promedio en recibir un diagnóstico certero, que alcanza, en muchas ocasiones, los 10 años, no habiendo recibido un correcto tratamiento durante ese tiempo, con el agravamiento de la situación que de ello se deriva (el 65% de estas enfermedades son graves, crónicas e invalidantes). Los costes destinados a la correcta atención a estos pacientes suponen un 20% de los ingresos anuales de las familias afectadas, que se destinan a gasto farmacéutico, ortopedia, ayudas técnicas, transporte, asistencia personal y adaptación de viviendas. De ellos, un 70% poseen certificado de discapacidad, de los cuales uno de cada cinco están satisfechos con el grado económico que se les ha reconocido, habiendo recibido únicamente uno de cada tres de estos últimos dicha prestación económica.

Entre 2009 y 2013 se realizó e implementó el Plan Estratégico para Enfermedades Raras del Sistema Nacional de Salud (SNS) en España, en el que se detallaba la importancia de estas patologías a nivel de Salud Pública, y donde se establecían varias líneas estratégicas, en relación a: la información sobre las mismas (iniciativas de difusión de información y orientación a nivel de la población general), la prevención y detección precoz (creación de registros, vigilancia epidemiológica, promoción de la salud, mejora de los sistemas de diagnóstico, programas de seguimiento, consejo genético, cribados, etc.) la atención terapéutica y médica (coordinación de atención primaria y especializada, guías asistenciales específicas, rehabilitación),la atención sociosanitaria, la investigación y la formación; así mismo, recomendaba el seguimiento y evaluación de la consecución de estos objetivos.
Sin embargo, las cifras no mienten. A pesar del esfuerzo teórico por las autoridades competentes, la situación real es muy distinta. El pasado sábado 28 de febrero se celebró el Día Mundial de las Enfermedades Raras, y, desde la Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), se ha emitido un informe que pone de manifiesto la gran cantidad de carencias sociales y económicas que sufre este colectivo. Por ejemplo, señalan que, actualmente, hay 81 fármacos aprobados por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) para estas dolencias, y que, en España, solamente 47 de ellos se encuentran comercializados. Achacan esta inaccesibilidad a los tratamientos a los retrasos existentes en las decisiones sobre financiación y precio. Por parte del Ministerio de Sanidad se asegura que debería revisarse caso por caso, ya que depende en muchos casos de la solicitud de comercialización de los laboratorios. FEDER también denuncia que la gran cantidad de agencias y comités hospitalarios que evalúan estos medicamentos establecen criterios dispares de acceso, estableciendo importantes trabas que hacen que exista una demora de entre dos semanas y dos años en autorizarse el comienzo de un tratamiento, además del hecho de que existe una gran falta de coordinación entre las comunidades autónomas para la derivación de pacientes a los centros expertos en cada caso. Esta situación sumada a que existen muy pocas iniciativas científicas de investigación (se estima que sólo en el 10% de estas enfermedades hay un conocimiento científico mínimo) resalta el enorme desinterés político, social y económico. Por ello, es el propio entorno de los pacientes el que decide impulsar iniciativas sociales para recaudar fondos destinados a investigación y tratamiento, desde carreras populares hasta recogida de tapones de plástico.


No cabe duda de que estamos ante un colectivo tremendamente desfavorecido, desde cualquier ámbito que consideremos. Es necesario que, en este marco, los Planes Estratégicos se dirijan a garantizar la equidad en el acceso a los tratamientos, en la atención sociosanitaria y en sus derechos sociales básicos, destinando presupuestos suficientes y respetando los acuerdos que se lleven a cabo a nivel político.   




R. Ortiz González-Serna

lunes, 23 de febrero de 2015

La mano que mece la cuna...

¿Sabes que significa TTIP? ¿Sí? ¿No? ¿Dudas? No te preocupes, pues en realidad, muy pocos saben de qué se trata, ya que los promotores del mismo se están encargando con mucho ahínco de que los afectados no nos enteremos de que existe y mucho menos, de qué es y cuáles serán sus repercusiones.


TTIP es el acrónimo en inglés de Transatlantic Trade and Investment Partnership, en español Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Se trata de una fantasía hecha realidad. La fantasía de las grandes corporaciones de toda índole (financieras, inmobiliarias, agroalimentarias, aseguradoras, sanitarias, y un largo etcétera), mientras que para el resto de la sociedad se trata de la peor de las pesadilla, la cual, lejos de convertirse en una simple mala noche, se prolongará y marcará nuestras vidas, muy probablemente, de forma irreversible. También podemos decir, como John Hylary, Director Ejecutivo de la campaña War on Want que estamos asistiendo a “un asalto a los ciudadanos europeos y estadounidenses por parte de las corporaciones transnacionales y sus gobiernos; así como al fin de la democracia”.



Este tratado de libre comercio e inversión se está negociando (desde hace casi dos años), en secreto, entre la UE y los EEUU.  Barack Obama anunció su deseo e intención de iniciar las negociaciones para alcanzar un acuerdo de esta índole en febrero de 2013, y en julio del mismo año tuvo lugar la primera ronda de negociaciones. En febrero de 2015, hace apenas dos semanas, se desarrolló la 8ª y se prevé que en 2016, el acuerdo estará aprobado. Lo poco que se sabe de la existencia de este tratado y de su contenido es gracias a las filtraciones efectuadas. La opacidad con la que se está llevando a cabo hace, que ni siquiera los miembros del Parlamento Europeo puedan acceder a los borradores de las conversaciones.  
Su principal finalidad es eliminar las “barreras reguladoras que limitan los beneficios de las corporaciones transnacionales a ambos lados del Atlántico” para conseguir incrementar sus ventas. ¿Cuál es el problema? Varios, aunque, quizás el más importante, que estas barreras son algunas de nuestras normativas más preciadas en materia de derechos sociales, medio ambiente, derechos laborales, normas de seguridad alimentaria, regulaciones sobre el uso de substancias químicas tóxicas, leyes de protección de la privacidad en internet e incluso las nuevas garantías en el ámbito bancario dirigidas a combatir crisis financieras como la que vivimos.

¿Y cómo se prevé que afecte a la sanidad de los europeos? Pues, teniendo en cuenta que la regulación de la UE en materia de sanidad es considerablemente más rígida que la estadounidense, lo que hará el TTIP es suavizar, minimizar o, directamente, dinamitar la legislación vigente en infinidad de ámbitos sanitarios: seguridad alimentaria, política farmacéutica, ejercicio de las profesiones sanitarias y, lo que podríamos decir más peligroso, la inversión de empresas privadas multinacionales en la prestación de los ya desmantelados y cada vez más privatizados, servicios sanitarios.

Los servicios públicos, especialmente nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS) y otros de la UE, están en la línea de fuego, ya que uno de los principales objetivos del TTIP es abrir los servicios públicos de salud, educación y agua a las compañías estadounidenses. Esto significaría esencialmente la privatización mayoritaria del SNS. A pesar de que la Comisión Europea ha apelado para que los servicios públicos queden fuera del tratado, de acuerdo con algunos medios británicos y españoles, tanto el Ministro de Comercio de Reino Unido como el de Economía de España han admitido que “las conversaciones sobre nuestros sistemas públicos de salud están encima de la mesa”, y que “ningún sector debe de quedar fuera de las negociaciones”.


Sin duda, estamos ante una grave amenaza que empeorará todas las acciones privatizadoras que, desde la década de los 90s, están demoliendo uno de los mejores y más eficientes sistemas sanitarios del mundo, el español. Una vez más, asistimos a la toma de decisiones por parte de los gobiernos de las llamadas “sociedades de bienestar” que responden a intereses económicos y no de la ciudadanía a la que representan, para generar espacios de negocio. Decisiones tomadas sin tener en cuenta que no hay ninguna evidencia científica de que los sistemas privados sean más eficientes. Por el contrario, si hay acuerdo e infinidad de datos que sostienen que “los sistemas sanitarios universales, con propiedad y gestión públicas y basados en la Atención Primaria (AP) son los que ofrecen mejores resultados en salud y también son los más eficientes, equitativos y humanos”.

 

No hay duda de que seguiremos hablando de este asunto y sus repercusiones hasta que conozcamos su desenlace (y más allá…..)

 
 



Begoña Hermida Val